2 de julio de 2015

La contaminación atmosférica sigue ocasionando daños en la salud

La calidad del aire que respiramos los europeos ha mejorado en los últimos años, las estadísticas muestran descensos acusados en las mediciones de muchos contaminantes como el plomo, el dióxido de azufre o el benceno, e incluso en el dióxido de nitrógeno (que campa a sus anchas por ciudades con mucho tráfico de vehículos diésel como Madrid). Sin embargo, y por más que esas mejoras sean relevantes, la tendencia no es buena.




El problema de la contaminación atmosférica en Europa sigue lejos de poder darse por resuelto. Dos contaminantes en concreto, las partículas y el ozono troposférico, siguen provocando problemas respiratorios, enfermedades cardiovasculares y reduciendo la esperanza de vida. Nuevos datos científicos revelan que la contaminación atmosférica puede resultar nociva para la salud humana incluso en concentraciones inferiores a lo previsto.

Entre 2009 y 2011, hasta el  96 % de la población urbana se encontró expuesta a concentraciones de partículas finas (PM2.5) superiores a las indicadas en las directrices de la OMS y hasta el 98 % a concentraciones de ozono (O3) igualmente superiores a las directrices de la organización. El número de ciudadanos de la UE expuestos a concentraciones de estos contaminantes por encima de los límites u objetivos marcados en la legislación de la UE fue menor. Sin embargo, en algunos casos estos límites u objetivos son menos estrictos que los establecidos en las directrices de la OMS. El informe revela igualmente que la contaminación no se circunscribe únicamente a las ciudades sino que también alcanza valores elevados  en determinadas zonas rurales.


Pero aunque queda mucho por hacer… Ya se han registrado resultados positivos en materia de reducción de las emisiones de contaminantes atmosféricos; por ejemplo, se han reducido las emisiones de dióxido de azufre de las centrales eléctricas, del sector industrial y del transporte a lo largo de la última década, limitándose  así el riesgo de exposición. Además la sustitución gradual que se realizó de la gasolina con plomo ha reducido las concentraciones de este metal, que afecta al desarrollo neurológico.

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